Hace ya unos años, cuando el bolsillo no nos permitía estancias en hoteles lujosos, durante un viaje a New York optamos por frecuentar las cafeterías y terrazas de los hoteles y museos más emblemáticos. Con aquel sentimiento de turista entrometido, de vez en cuando me encanta descubrir y visitar los lobbys y las cafeterías que tantos hoteles de Barcelona se merecen.
En los últimos tiempos, con la creciente oferta de hoteles GL en Barcelona, me gusta frecuentar los más emblemáticos para sentirse, en un soleado día de otoño, como el turista más feliz en tu propia ciudad.
La última visita, el reciente hotel Alma, enclavado en una finca regia de la Calle Mallorca, en el que entré para disfrutar de un delicioso desayuno. El servicio, muy atento, estuvo encantado de dar información y detalles sobre el hotel, decorado de forma sobria y con colores neutros, que invitan al relax.
El mejor descubrimiento: la terraza del patio interior, perfecta para tomar algo e incluso celebrar acontecimientos o actos en espacios abiertos cuando la meteorología lo permita. Un oasis en la ciudad!
En los últimos tiempos, con la creciente oferta de hoteles GL en Barcelona, me gusta frecuentar los más emblemáticos para sentirse, en un soleado día de otoño, como el turista más feliz en tu propia ciudad.
La última visita, el reciente hotel Alma, enclavado en una finca regia de la Calle Mallorca, en el que entré para disfrutar de un delicioso desayuno. El servicio, muy atento, estuvo encantado de dar información y detalles sobre el hotel, decorado de forma sobria y con colores neutros, que invitan al relax.
El mejor descubrimiento: la terraza del patio interior, perfecta para tomar algo e incluso celebrar acontecimientos o actos en espacios abiertos cuando la meteorología lo permita. Un oasis en la ciudad!
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