Roma fue la elegida. O quizás, fue ella la que nos eligió para este viaje.
El destino, lo de menos. Reunirnos. Para celebrar, charlar, reir o llorar una merecida oda a los cuarenta.
Entre paseos, risas, charlas y rodeos, la ciudad eterna me cautivó desde el primer momento. A la llegada, al atardecer, la cúpula de la basílica de San Pedro y el Castillo de Sant'Angelo a la ribera del Tíber nos dieron una inolvidable bienvenida.
Con su incansable catálogo de arte y tesoros, la ciudad me encandila en cada esquina, mientras deambulamos, unas veces con rumbo y otras sin él, por las calles adoquinadas de la ciudad de las siete colinas. Sin prisa.
Era nuestra escapada, y Roma nuestra aliada. Punto de partida. Punto de encuentro: Vía di Pallacorda. Rumbo a la Piazza de Espagna, nos asalta la tentación. Vía Condotti, Via del Babuino y sus calles circundantes, centro neurálgico de las marcas de moda más lujosas.
Roma y sus joyas arquitectónicas. Y sus fachadas ocres, desconchadas, avejentadas. Así me gusta recordarla.
Nuestros paseos por el Trastevere, el paseo nocturno por la ribera del Tíber, a la conquista del Castillo de Sant'Angelo. Imponente y expectante. Con la Avenida y la cúpula de San Pedro en el horizonte. Indecisas. Y de pronto la sorpresa. Risas hilarantes para continuar la ruta. Incansables.
Piperno y Sora Lella, nuestro objetivo inicial, pero el destino lo impidíó. Cena en los aledaños de la Piazza Navona. Pizza buenísima y mejor compañía. Objetivo cumplido. Seguimos hasta la Plaza del Fico donde entre romanos, tacones y adoquines imposibles nos tomamos los mojitos. Recuerdos de juventud entre salidas nocturnas.
Al día siguiente, fettucine Alfredo en Casa Alfredo y por la noche, la Ostería de Sostegno donde puedo dar fe de haber probado los mejores espaguetis carbonara.
No podíamos dejar Roma sin probar sus helados. Giolitti, la heladería más famosa de Roma no me decepcionó, aunque si he de ser sincera, debo decir que los mejores, sin duda, los de Grom.
Fundada en 2003 por Guido Martinetti y Federico Grom en Turín, la cadena de heladerías GROM está inspirada en la filosofía Slow food. Sus helados se elaboran con fruta de temporada, cultivada de forma orgánica en su granja Mura Mura, en el Piamonte.
Por último, los cafés. En nuestra visita fugaz no podíamos dejar de saborear un café romano. Cerca del Panteón y de la Piazza Navona, el Café Sant Eustaquio, en la Plaza Sant' Eustaquio pudimos tomar el mejor café de Roma.
Y el Caffé de la Pace en la Via de la Pace, perfecto para descansar y respirar el ambiente romano, después de una fructuosa passegiata.
Dolce vita en Roma. Retorno feliz.
Y el Caffé de la Pace en la Via de la Pace, perfecto para descansar y respirar el ambiente romano, después de una fructuosa passegiata.
Dolce vita en Roma. Retorno feliz.
