En un cumpleaños, el homenajeado fue obsequiado con un exuberante y flamante bocadillo. No era uno cualquiera. Una hogaza de quilo por el que asomaba, deliciosamente perfecta, una tortilla de patatas y cebolla, y una arrogante lazada de color rojo.
Placer para los sentidos. Al probarlo, la pregunta ineludible, ¿De donde ha salido este pan?.Esta fue mi primera experiencia con el Pan Turris, justo cuando había iniciado su andadura con la apertura de su primera panadería en la calle Aribau.
Segunda experiencia. La historia se repite. Gran detalle y alegría inmensa. Soy obsequiada por mi cumpleaños con un pan elaborado artesanalmente, con corteza gruesa y bien tostada. -Así lo pedía siempre mi abuela.- Lo saboreo como relamen mis hijos las chucherías.
Así fue como el pan Turris entró en nuestras vidas. Por su aspecto, por su sabor y por su olor. Cuando me acerco a la panadería me gusta sentir como el olor a pan horneado escapa del local y se extiende escandalosamente por el exterior. Harina tentación!