Cada año nos obsequiamos con un recuerdo fugaz de aquella inolvidable efeméride del mes de marzo.
En esta ocasión nos decidimos por una velada en el hotel W, en compañía de un mar en calma, del perfil de la ciudad y del amor.
Este es un hotel en el que su hall se abre a los visitantes, a los ciudadanos y a los huéspedes. Donde reina un ambiente animado y con aires de modernidad, sobretodo a medida que el sol se despide lentamente en el horizonte, para dejar paso a la noche.
Puedes entonces, disfrutar de una buena cena en el restaurant Bravo y tomar una copa en la terraza del hotel o en el bar Eclipse ubicado en la planta 26 y en el que podrás disfrutar de una vista de infarto de la ciudad.
Las habitaciones, precedidas por un pasillo de un rojo inquietante, son un inmenso escaparate de la vida exterior, pues están diseñadas con un gran ventanal que crea una perfecta y silenciosa simbiosis entre el mundo de fuera y las vivencias que discurren en el interior del hotel.
Después de un buen desayuno, qué mejor que disfrutar de la espectacular terraza con vistas al paseo marítimo, de su piscina y dejar pasar el tiempo...
Sin duda, la protagonista del hotel W es la luz que emerge, desde el exterior, por todos los rincones. Por ello, disfrutar de una estancia en este hotel y despertar en una de sus habitaciones, en un día en que el invierno es despedido por la luz de una precoz primavera, no tiene precio.



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