24 de septiembre de 2015

Périgord. Grandes lugares de Aquitania


Me declaro una enamorada de Francia: por su belleza y riqueza, su diversidad geográfica y su historia. En esta ocasión, elegimos una zona que, reconozco, era para mí totalmente desconocida, por lo que su descubrimiento fue una grata sorpresa por partida doble. 

La región de Aquitania, enclavada en el suroeste de Francia, agrupa cinco departamentos (Pyreneés atlantiques, Landes, Gironde, Lot et Garonne y Dordogne), con una superficie de 41,308 km2 y una  población de aproximadamente 3 millones y medio de habitantes.

Elegimos el destino por el plan: "glamping" -estupendo plan con niños- en el Camping Les Ormes, situado cerca de la coqueta población Saint Etienne de Villéreal, y en la zona conocida como el "país de las Bastidas", pueblos medievales, caracterizados por sus plazas fortificadas, y que en verano resultan muy animados en torno a los mercadillos diurnos o nocturnos, que en ellos se organizan.

Debo advertir que, desde el punto de vista turístico, la zona es inabarcable, si uno quiere saborearla sin prisa y en toda su variedad: pueblos y villas encantadoras, y entre ellos, numerosos, de los clasificados como "uno de los pueblos más bonitos de Francia", bodegas vinícolas -Burdeos es la capital de Aquitania-, así que con ello está todo dicho, gastronomía -ésta es la cuna del foie-, mercados -de alimentación, rastrillos y de trufas, en su época-, ríos -Garona y Dordoña-, artífices de la vegetación y praderas que envuelven la región con un aterciopelado manto verde.



Hay múltiples lugares ineludibles en la zona de Aquitania,  Burdeos -declarada patrimonio mundial de la humanidad por la UNESCO en 2007-, Saint-Emilion, y villas como Sarlat la Caneda, La Roque-Gageac, Beynac-et-Cazenac y Domme (imagen superior). Todos ellos, destacados por la propia oficina de Turismo de Aquitania,  gozando, los cuatro último, de la distinción de "uno de los pueblos más bonitos de Francia". 

Siguiendo la senda del río Dordoña,  se puede hacer un paseo con gabarra, por las tranquilas aguas del río, o hacer una excursión en canoa en los múltiples puntos situados a lo largo de la zona (La Roque-Gageac, Vitrac, Sant Vincent de Cosse...)






Si sois unos entusiastas de las grutas -Francia es el país por excelencia- podéis visitar la gruta de la villa de Domme -justo en el centro-, o la Gouffre de Padirac, una de las mayores curiosidades geológicas de Francia, que se recorre en barca por sus majestuosas galerías subterráneas. Cerca de allí, bien merece una visita los pueblos Carennac y Rocamadour.

Si nos adentramos en el "país de las bastillas" -Pays de Bergerac- no podemos dejar de visitar Monpazier, y muy cerca, el chateau de Biron, Monflanquin, encaramada en una colina, con unas vistas de la zona que nada tiene que envidiar a la Toscana -merece la pena presenciar sus fiestas medievales los días 15 y 16 de agosto, Villeréal, con un hermoso mercado del Siglo XIV, Issigeac y muy cerca, el chateau de Monbazillac, que permite visitarlo y degustar el vino que se elabora en sus viñedos, el chateau de Bonaguil, construido en el siglo XIII, formando parte de los "sitios más importantes de Aquitania", y Pujols.











Lamentablemente, la visita de Burdeos se queda para otra ocasión, que sacrificamos en aras de la estupenda visita que hicimos a la preciosa localidad de La Rochelle, capital de la región del Charente Marítimo, ubicada en la costa atlántica. Qué bonita es La Rochelle, con su puerto viejo, encarado al atlántico, sus callecitas, llenas de vida y tiendas, su mercado -famoso por los puestos de ostras-.











La Rochelle es el lugar perfecto para darse un homenaje de marisco, en el Chez André, lugar emblemático para degustar las ostras oriundas de la zona, y un marisco de calidad suprema.

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